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Si la constancia no tuviese rumbo, dejaría de serlo.
Si la nostalgia no llevase a cuestas rostros, nombres y momentos espléndidos, sería amargura estéril.
Tal vez no haya infusiones para cuando el alma se suma en el recuerdo; por eso existen la música balsámica y
la meditación. Cuando le
dé por renegar de la distancia recuerde aquella sabia copla que se conmisera de quien no ha sufrido todavía los
dolores del adiós: "Como para no estar triste, si nunca nadie lloró por ti..."
Ya
lo creo que volveré, para buscar entre los puestos del Arroyo al merolico que me vendió corteza del Perú,
esa con la que se elabora el bálsamo; buena para sanar los dolores y el ansia. Tal vez en ella esté el antídoto
que nos está haciendo falta.
El día sin su noche/Zacatecas polvo y luz
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