ZACATECAS, POLVO Y LUZ

La devoción sin púlpito

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"San Antonio... ¡Santo mío!
Escucha mi petición:
Dame esposo te lo pido
con todo mi corazón."

"Las muchachas casaderas invocan a San Antonio, 
pidiendo las marulleras, ¡matrimonio, matrimonio!"

Misiones nobles, actos autoritarios
 

El mismo día en que se celebraba la fiesta del Sagrado Corazón, un 25 de junio de 1767, al despuntar el día, se envió a las fuerzas armadas con un delegado del virrey a la cabeza, por todas las misiones de la Casa Profesa y los colegios de la Nueva España. El aviso decía que los jesuitas quedaban desde ese momento incomunicados y se les instruía salir de los territorios americanos, sin pertenencias, salvo lo puesto, su breviario y el dinero con que contasen en aquel momento entre sus haberes más personales. Las órdenes eran dictadas por el real pecho de su majestad Carlos III.

La causa de la expulsión fue, principalmente, la desavenencia acaecida entre ellos y el rey. Se les acusaba "exlibris" de haberse enriquecido en las misiones, de intervenir en política contraviniendo las disposiciones de España y de haber conspirado en contra de José de Portugal y de Luis XV de Francia.

Los jesuitas, a diferencia de otras órdenes religiosas, se habían negado a negociar con los estados no católicos. La defensa de los jesuitas por los derechos de la Santa Sede y la independencia lograda en América, en su relación con las comunidades indígenas y con los poderes reales, fueron la verdadera causa de la expulsión. De aí que se previó una posible insurrección y se les incomunicó y trató con desprecio absoluto de su misión y jerarquía. El virrey publicó la orden de destierro en la que se consignaba "que estando estrechamente obligados todos los vasallos de cualquier dignidad, clase y condición que sean a respetar siempre las justas resoluciones del Soberano, deben venerar, auxiliar y cumplir éstas con la mayor exactitud y fidelidad porque Su Majestad declara incursos en su real indignación a los inobedientes y a los remisos... y pues de una vez para lo venidero deben saber los súbditos del gran Monarca que ocupa el trono de España que nacieron para callar y obedecer y no para discurrir ni opinar en los altos asuntos del gobierno."

La ejecución de tal sentencia despótica fue de tal modo violenta que las personas relacionadas con los jesuitas permanecieron sumisos al dictamen real. Si hubo manifestaciónes de repudio e indignación, incluso intentos de impedir la salida de padres y misioneros, los ánimos se calmaron debido a las represalias y la ejecución de 69 manifestantes.

El viaje de retorno a Europa fue penoso y largo debido a que la orden incluía el que los sacerdotes no pudiesen poner pie en ninguno de los territorios ultramarinos. Al llegar a España, fueron los padres de la orden de Jesúr desterrados también de ahí. Errantes y miserables, muchos de ellos arribaron finalmente a su destino en septiembre de 1768. Muchos, tambien, murieron en la penosa travesía. No fue sino hasta 1813 que se restituyó de nuevo en México a la compañía proscrita. Habían transucrrido casi medio siglo. 

Hoy, las reliquias continúan estando en el centro de la fe. Una reliquia representa para el fiel la certeza de que el milagro que se espera se verificará por la intermediación del santo o beato al que se elija. Algunas reliquias cobran valor al representar cercanía con la persona qu een vida perteneció a la comunidad que los venera. A los altares familiares se suman las muchas estampas, efigies y figurillas de bulto con las que cada individuo concreta su profesión de fe.

Depositada en el valor emotivo de una reliquia, la fe puede ser a menudo transferida a la reliquia misma, aunque un objeto, una estampa o la invocación de un santo no sean sino expresiones de apoyo de la veneración de los símbolos máximos del catolicismo, según la iglesia.

 

Para todo hay una receta. Se busca marido, podrían llevar colgado como sambenito las chicas de hoy, al igual que las de ayer. Y es que la devoción no está ajena a las necesidades y exigencias de las que van por la calle, descendientes de Fuensanta, casi vista hoy como la primera mujer de nuestro México -suerte de Eva- poetizada por Ramón López Velarde con la blusa subida hasta la oreja y la falda bajada hasta el huesito...

 

¡Ay santito milagroso!
Por tu hábito te suplico
Que me des marido rico,
Joven gallardo y buen mozo. 

Hay algo íntimo en la espiritualidad local que dicta la pertenencia a una comunidad. La evocación del niño Jesús en el santo niño de Atocha es ejemplo de ese sentimiento. Las reliquias son, en la tradición cristiana, los restos de los santos o los objetos vinculados a la vida de Jesús o de los santos por los que se ora. Sábanas, lienzos, copas, medallas y otros objetos se unen a la más fanática colección de huesos, cabellos, piel, uñas y otras partes corporales. En la vida social, al igual que en los terrenos de la fe, la afición por mostrar lealtad a partes corporales ha dado pie a toda una cultura extraña de santuarios de todo tipo. No siempre la religión media en estos cultos. Tuvimos una primera dama Concepción Lombardo, que conservó por años el corazón de su esposo fusilado por las huestes juaristas, Miguel Miramón, con la esperanza de llevarlo a su propia tumba. Alvaro Obregón profesó una isnólita veneración por su mano, misma que muchos acudimos a mirar (más con horror que con veneración) en el monumento en su honor en el sur de la ciudad de México y cómo pasar por alto el peculiar entierro que le prodigó Antonio de Santa Anna a su pierna. Cada uno de estos casos tema en sí mismo para varias novelas, habla de la profunda conexión entre la fe y el ser, concebido en su realidad finita de ser, de carne y hueso.

Pero la adoración de las reliquias de mártires es muy antigua y no se ciñe a una zona geográfica; se remonta, por lo menos, al siglo II. El influjo de reliquias traídas de Medio Oriente en la época de las cruzadas y el desarrollo de un culto creyente alrededor de ellas fijó su valor en la verificación minuciosa de su legitimidad. En el siglo XIII el teólogo Santo Tomás de Aquino defendió esta veneración mediante el argumento de que los cuerpos de los santos son receptores del espíritu santo. La práctica fue reafirmada por el concilio de Trento, luego de que los reformistas protestantes la rechazaron.

La biblia registra la compra venta de reliquias sagradas derivada de Simón Magnus quien intentó vender los poderes espirituales del apóstol San Pedro (Actos 8: 18-24). La venta de reliquias se convirtió en un problema para la iglesia en la época del edicto de Milán (313), cuando ésta comenzó a acumular poder y riquezas. Por aquellos años comenzó a legislarse en contra de esta práctica. Entre los siglos IX y XI las reliquias volvieron a ocupar un sitio preponderante en todos los niveles del clero.

Los santuarios contienen en sí mismos la noción que del cosmos comparten las comunidades que a ellos se suscriben. De manera casi natural esas comunidades han erigido templos y santuarios de denominación y culto locales para representarse a sí mismas en su predilección por lo propio.

Pero más que una vinculación de orden formal con los templos, en México las peregrinaciones populares se asocian con el éxodo generado por las redadas civilizadoras efectuadas por el gobierno de Porfirio Díaz contra los indígenas del norte del país a finales del siglo XIX, en particular de los yaquis. Estas peregrinaciones se expresan también en una cambiante simbología como la que muestra el santo niño de Atocha o señor de Plateros y la proliferación de figuras de veneración colectiva coincidentes con dicho niño. A través del tiempo el santo niño cambió de apariencia incorporando elementos a su vestimenta que son próximos a las comunidades porteñas del sureste mexicano e incluso de Cuba, adonde se envió a esclavos, todavía a principios del siglo XX.

No puede ser incidental que el niño de Plateros tenga su equivalente en el Palo Mayombe, Eleggua. Una indagación acerca de los templos en los que se hace presente la imagen del santo niño sustenta esta leyenda. Desde Valladolid, Yucatán, hasta la región minera zacatecana y de ahí a los estados fronterizos de Texas y Nuevo México "... se tuvo noticia del niño milagroso."

El siglo XIX, fértil en este tipo de prácticas, vive en lo religioso un prolífico romanticismo. En México las peregrinaciones son comparables a la expresión polifónica de la diversidad, donde los santos asumen el colorido y rico entorno de la comunidad que los acoge como suyos.

¿Cuántas fiestas se realizan anualmente en México? Es imposible conocer el número. En el curso de 20 años la Dirección General de Culturas Populares, ubicada en el Distrito Federal, detectó alrededor de diez mil y en su calendario de fiestas populares de 1988 aparecieron registradas cinco mil ochenta y tres fiestas que la investigadora Imelda de León compiló y clasificó de acuerdo a su carácter.

Destacan 24 figuras y ocasiones que, en orden de importancia, son la virgen de Guadalupe (celebrada en 350 comunidades), la semana santa (en 300), los carnavales (en 225), la santa cruz (en 160), San Miguel (en 150), la natividad de la virgen y Santiago Apóstol (en 145), la navidad (en 140), la Candelaria y la asunción de María (en 135), Todos los Santos, San Juan Bautista y la concepción de María (en 130), San Francisco de Asís (en 120), San José (en 110), la cuaresma (en 100) San Isidro Labrador (en 90), San Pedro (en 80), los reyes magos (en 70), Corpus Christi y San Antonio (en 60), la virgen del Rosario y San Sebastián (en 50) y la virgen del Carmen (en 40).

Se han registrado además cerca de 250 santuarios procesionales a donde acuden los peregrinos para pedir y agradecer a santos y vírgenes milagrosos.

Otra vertiente de la expresión de la fe son las fiestas patronales que representan la forma en que se impuso la conquista militar y espiritual en el continente americano. El santo patrón o patrona están íntimamente ligados a la pacificación y fundación de los pueblos y los barrios, así como a la organización de los gremios y los oficios. Mucho de esta tradición consta tan solo en la historia oral indígena.

La veneración de los santos patronos va de la mano con la identidad local. Es muy común la paregrinación de los santos mismos, como si fuesen ellos parte todavía del mundo de los vivos. Y proliferan aún las leyendas acerca de sus viajes en la realización de sus milagros. Entre las representaciones misteriosas de esos santos peregrinos y junto con el niñito de Atocha están el Niñopa, La Preciosa Sangre, el niño Cieguecito, el Cristo Niño, el Sagrado Corazón de Jesús, el Santo Entierro, San Ramos, Corpus Christi, Jesús el Nazareno, el Señor de las Maravillas y María que asume a su vez los rostros de Guadalupe, Asunción, Remedios, la Purísima Concepción, Dolores, Soledad, Natividad de la Virgen y Presentación de la Virgen...

"... y pues de una vez para lo venidero deben saber los súbditos del gran Monarca que ocupa el trono de España que nacieron para callar y obedecer y no para discurrir ni opinar en los altos asuntos del gobierno."

 La veneración de los santos patronos va de la mano con la identidad local. Es muy común la paregrinación de los santos mismos, como si fuesen ellos parte todavía del mundo de los vivos. Y proliferan aún las leyendas acerca de sus viajes en la realización de sus milagros.

Si la constancia no tuviese rumbo, dejaría de serlo. Si la nostalgia no llevase a cuestas rostros, nombres y momentos espléndidos, sería amargura estéril. Tal vez no haya infusiones para cuando el alma se suma en el recuerdo; por eso existen la música balsámica y la meditación.

Cuando le dé por renegar de la distancia recuerde aquella sabia copla que se conmisera de quien no ha sufrido todavía los dolores del adiós: "Como para no estar triste, si nunca nadie lloró por ti..."
 

Ya lo creo que volveré, para buscar entre los puestos del Arroyo al merolico que me vendió corteza del Perú, esa con la que se elabora el bálsamo; buena para sanar los dolores y el ansia. Tal vez en ella esté el antídoto que nos está haciendo falta.

 

El día sin su noche/Zacatecas polvo y luz