Asesores de turismo, guías para extraviados, malhumorados, consecuentes, los taxistas son personajes a la
vez necesarios y olvidados. En ciudades grandes su papel es protagónico. Pruebe si no a desearlos en hora
pico en el Distrito Federal o en Nueva York.
En Zacatecas,
donde la facilidad para recorrer la ciudad de cabo a rabo les hace prescindibles, los taxistas la pasan dura, según
ellos mismos cuentan.
“No hay pasaje”,
comentó uno, los primeros días del dosmil, “la gente anda gastada.”
Sensibles a la clientela y después de todo empresarios a veces van más allá
del trato ordinario, cumplen deseos, dialogan con el cliente, se puede decir que dan terapia.
Dependen de su radio. Por la mañana son las noticias. De
tardecita las emisiones habladas. Uno se lamentó que no hubiera más programas culturales.
“Es un mugrero lo que pasan”, dijo girando la perilla de la sintonía.
Pese a las amables atenciones de los conductores de coches de alquiler, la vida del taxista no es fácil. Son
concesionarios, algunos; los menos, ruletean para otro patrón. Padecen muchos
males, el precio de la gasolina, los topes, los avatares del tráfico, la criminalidad, los descolones del cliente.
Uno contó que una señora lo tachó de abusivo porque la llevó por un camino que creyó
más rápido. “Casi me suelta un bolsazo, por tomar la carretera... y no vaya a creer
que era una jovencita.”
Tal vez lo más divertido
del día, para los que cuentan con antena de onda corta, sea esa jerga entre sentimental y socarrona que invita a pasarla
bien, entre la broma y el detalle amable, en privado, sólo para el gremio, o para algún metiche que se aventure
a descifrarlos.
Los aficionados a este deporte cuentan con una lista de “cordiales”
que dicta todo un código secreto de comunicación.
“Quique 1028 (diez veintiocho)”, inicia su mañana Enrique Arellano Trejo. Diez veintiocho
quiere decir sobrenombre, u otra manera de anunciar, “soy Quique…” Se dirige a
“la demás colegancia”, sus compañeros de oficio.
“Es muy bonito tratarse así, para uno”, aclara Quique, mientras
explica algo del código. “Coméntame, del 1009 (diez nueve) a la Florida.”
El diez nueve significa cuánto es lo que se cobra. Los números sirven de despiste, para así evitar
que el cliente sepa de qué se habla. El segundo neutro significa 20 pesos, el primero neutro, 10. Primero
neutro neutro quiere decir 100, el 15, es primero cuarto más uno. Nada tan delicado como tratar
los negocios, de manera discreta.
“¡Cómo
soy coqueto y mal correspondido! No se espante, señora recatada, no es avance, tan sólo significa
que no cargó buen pasaje, aunque andaba circulando desde hacía rato. El pasaje lo recogió,
en cambio, “una gaviota”, otro vehículo que se detuvo temporalmente en un sitio que no era su base. Hay
unas 140 claves. Y así, se escucha todo el día, “comenta sesenta
y nueve” o “comenta treinta y seis”, alguien que solicita la dirección o la hora.
Y he aquí una bendición para que usted aprenda un poco más de este código,
por si llega a hacerle falta:
“7351 (setenta y
tres cincuenta y uno) con todo el debido; personal y componente; con Chuyito a mano derecha, pa´ donde quiera que le
planche y le averiunde, con bastante 1012 (diez doce) a bordo.” El diez doce es el pasaje.
Las mujeres son pestañas; los hombres, bigotes; los niños, cristalitos. Chuyito es
Dios y los cordiales, una buena manera de iniciar el día, que estará lleno de baches, angustias y aventuras.