ZACATECAS, POLVO Y LUZ

Misterio y viaje de los tres espíritus sagrados

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La anécdota detrás de esta historia gira en torno al mural Misterio y viaje de los tres espíritus sagrados, cuantificado, según se lo vea, en dos millones de chaquiras de colores, convertidas en narrativa visual, o en 1 millón de pesos, de acuerdo al avalúo del Instituto Nacional de Bellas Artes. 

 

Este mural, ganador del premio Fondo Nacional para la Creación Artística, FONCA, que financió su realización, se le extravió a su dueño, Santos de la Torre Santiago, en el año de 1998. La historia salió a flote cuando la directora del Museo Zacatecano, Julieta Medina Briones, le propuso a de la Torre Santiago la idoneidad del recinto para albergar la obra desaparecida, luego de que el artista expresara su deseo de hacerla participar en el Festival Cultural 1999. ¡Lo primero era recuperarla!

 

El mural no pudo ser traído para las fechas propuestas por Santos ya que Epigmenio Mendieta, visitador a cargo del asunto, gestionaba todavía las condiciones para su devolución.  El etnólogo-investigador Adán Xicohténcatl Elízaga, que participó con Santos en el trámite ante el FONCA, había fungido como figura protagónica de este insólito caso, suplantando al artista y  apoderándose del mural, al cabo de su exhibición en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, en 1998.

 

Cuando el Museo Zacatecano intervino, las pesquisas para la recuperación del mural llevaban ya un tramo adelantado, ocho o diez meses, pero el caso todavía no estaba resuelto.  La obra “hurtada” sería entregada al Museo, en octubre de 1999, con el acta respectiva de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH).  Quedaban estipuladas ciertas condiciones.  Las principales, que permaneciera en exhibición y que se le diera una gran difusión. Se solicitó al INBA un avalúo y Santos autorizó el traslado al Museo para el resguardo del mural.  Las condiciones no las imponía Santos, curiosamente, sino el plagiario de la obra, quien, a pesar del agravio, jamás fue tratado como un criminal.

 

La historia era más larga y escabrosa, pues había un segundo mural, expuesto permanentemente en París, hecho también por Santos, en 1997, bajo circunstancias similares.  No se trataba de una copia y un original, sino de dos originales.  El artista tampoco había participado en la develación de ese otro trabajo.  El mismo etnólogo, Elízaga, recibió los honores merecidos por De la Torre Santiago en París.  Intervinieron en tremendo entuerto, ante cámaras, funcionarios públicos, instituciones de gobierno, la presidencia de Francia... cual si todos estuviesen al tanto de este acto de pillaje.

 

El segundo mural, había sido solicitado a Santos para ofrecerlo como regalo a Francia, con motivo del trigésimo aniversario del convenio Metro México, Metro París. La gestión se había hecho mediante el mismo intermediario.  La obra se encuentra, todavía hoy, en exposición en la estación Palais Royal, en los subterráneos del Museo del Louvre.

 

Pillaje expuesto por el Museo Zacatecano y el Metro de Paris

 

¿Cómo desaparece de San Ildefonso un mural de esas dimensiones: 80 piezas de 30 por 30 centímetros, se trata de un rectángulo, armado, de 2.40 metros por 3?

 

Realizada en 1994, la gigantesca obra había sido expuesta por primera vez en el Museo de las Culturas Populares. “Se le dedicaron 300 metros cuadrados; se hizo una reproducción de cada uno de los cuadros que conforman el montaje final, en fotografía; se trató de explicar la cultura, la cosmogonía; se le dio una gran difusión”, contó Julieta Medina. “Efectivamente, era muy visible.  La prensa capitalina había cubierto magníficamente.  Alguien lo recogió, cuando se exponía en San Ildefonso y ahí la historia cobra el rumbo inesperado. Luego de años de gestiones hubo que ir a la CNDH para  recuperarlo.”

 

Santos fue utilizado y no se le dio nunca el crédito de creador de esos trabajos... ¿No es esa la presunta obviedad? Y esto ocurrió, indirectamente, con la anuencia del FONCA, del INBA, de los curadores, hasta del Presidente de la República, a través de las autoridades del entonces Departamento del Distrito Federal.  Cuesta trabajo creer que el país regaló una muestra de su arte más preciado y nadie se incomodó por la ausencia del artista, del autor.

El canal 4 llegó a la comunidad serrana de Santos a entrevistarlo, cuando el mural se iba a Francia. “Se arrimó a la sierra para entrevistarme...” nos compartió Santos con esa mirada limpia de quien nada debe... Y no era difícil imaginarse aquel aparato ensordecedor, con sus hélices girando, “arrimado” a la sierra. Se hacía evidente que no lo habían invitado a Francia y que Santos, con la sencillez que lo caracteriza, consignaba, que el mural se lo debían. Sí, sí, no habían pagado al creador ni un cinco y, por si fuera poco, le daban gran difusión a tan magna fechoría.

 

Los fondos del FONCA obtenidos para el primer mural fueron aplicados a la realización de la obra.  En el segundo caso, el trabajo se concertó del mismo modo, sin ganancia ni reconocimiento para el creador.  Tal vez, lo que denota mayor irregularidad es que el valor adquirido por esos trabajos hubiera pasado por nulo, si no se descubre el entuerto.  Ninguna ganancia, de las que los artistas se benefician de común; el reconocimiento, la retención de derechos, la autoridad sobre el destino y uso de esos trabajos.

 

No fue el gobierno, portador del obsequio, ni las autoridades culturales del país, quienes intentaron subsanar las pérdidas de Santos.  Gente altruista de Francia financió su pasaje para que el artista fuese a París, a conocer el montaje de su obra, un año después de develado éste en la capital francesa.

 

Los datos revelan que la recuperación del mural, y no su desaparición o el usufructo que terceras personas hicieron de él, fue lo que dio pie a que, finalmente, se reconociera a Santos.

 

El mural, a salvo bajo la custodia del Museo Zacatecano durante todo un año, sirvió de pretexto para la producción de un tercer mural, a modo de que el desaparecido pudiese convertirse en un mural móvil, cuya residencia temporal inicial fue Estados Unidos. Y todavía no se ha encontrado evidencia de que se haya obrado en justicia por el despojo de los derechos de Santos, el creador y, por tanto, el único dueño de la obra. 

 

Una solicitud del Museo hecha al Fondo Estatal para la Cultura y las Artes, FECAZ, que proponía facilitar la realización del un tercer trabajo expositivo, ya como parte del acervo zacatecano, fue denegada, sin aparente motivo de peso, por la comisión evaluadora de los proyectos propuestos. 

 

Y Misterio y viaje de los tres espíritus sagrados, esta vez con todo y Santos, se fue al Centro Museo de Bellas Artes Mexicanas de Chicago, a participar en El año de la mexicanidad. Esto lo constatamos en la entrevista que hicimos a la directora del Museo Zacatecano:

 

-¿Se queda en los Estados Unidos la obra, hay negociaciones de compra con Santos? 

 

-No, hasta donde se sabe,  se va y regresa, a Santos, no sé si al museo. Santos solo nos ha pedido que, a donde quiera que vaya, le apoyemos en checar cuestiones de tipo técnico, trámites administrativos, avalúo, convenios, garantías de traslado. Para Santos es mucho más fácil que el mural se encuentre en un lugar como el museo y, de ahí, ir a diferentes exposiciones. Por eso la idea de conseguir fondos para contar con una obra, expresamente creada para ese propósito.

 

Por el momento los tres murales se encuentran “en buenas manos”. Y sirvió esta triste historia de piratas para que en lugar de un mural hubiera tres... Extraño giro de una historia igualmente extraña.

 

En Zacatecas, a los huicholes sólo se los ve en la calle, vendiendo, pidiendo ayuda.  Es raro encontrarlos en restaurantes, librerías, bibliotecas. En ninguno de los Estados que integran la demarcación geográfica de ese grupo, se fomenta la participación integral de su cultura en la vida pública.

 

Cuando se inauguró el mural se sentía  esa marginalidad, incluso por parte del Instituto Zacatecano de Cultura que eligió como logo de los Festejos del Milenio una figura antigua, proveniente de la cultura Caxcán, pudiendo utilizar algo de las culturas vivas que expresan diversidad en el Estado, que denotan, en su vigencia, el esplendor y la historia trágica de quinientos años.

 

Julieta Medina que completó para nosotros lo consignado por Santos, nos habló de que en “uno de los ochenta cuadros que componen el mural aparece una representación muy parecida a la pictografía utilizada de logo de esos Festejos; representa más o menos lo mismo. La del mural es la impresión del espíritu descarnado de Tatewari, el dios fuego, puente entre los chamanes y los dioses.  Puede que sea coincidencia... ¡no lo sabemos! Lo que sí nos genera incógnita es por qué consultar a Peter Jiménez, el norteamericano que dirige el sitio arqueológico de La quemada, antes que a Santos de la Torre Santiago, líder huichol, respecto de la cosmogonía, de la cultura, de la herencia del México Antiguo.  Y nos quedamos con esa duda...

 

Compromiso del Museo Zacatecano por la cultura huichola

 

La presencia huichola en el Museo Zacatecano no inicia con Santos de la Torre Santiago, autor de esta obra.  La institución tuvo que rescatar la colección de bordados, única en su género, reunida en los años 20 y 30 por el doctor Enrique F. Mertens. Mertens dio a los artistas materiales de trabajo y facilitó así la recuperación de sus tradiciones.  Existe un libro, Bordados huicholes, de Fernando Benítez, editado en 1991. Ahí quedó plasmado el reconocimiento al nivel artístico de esos bordados. La colección, con el tiempo, había pasado, inexplicablemente, a manos de Dolores Olmedo.  Ante la apatía de la Universidad Autónoma Zacatecana, hubo que recurrir a todo para que los bordados volviesen a Zacatecas.

 

El Museo Zacatecano tuvo como enfoque, en sus inicios, revalorar lo popular y elevarlo al nivel de arte.  En 1995 este principio estuvo detrás de su montaje.  Su coordinador, Alfonso Soto Soria realizó la museografía con ese objetivo.  Se contaba, para su apertura, con la colección de Mertens, donada a la Universidad Autónoma de Zacatecas. 

 

Fue en ese tiempo que se llevó a cabo la curaduría para rehabilitar las áreas del museo, dotarlas de vidrios polarizados y lámparas; se trabajó en transmitir a la comunidad el valor de un arte respaldado por todo un proceso formativo, como el huichol.  Se recurrió también a colecciones propias de la creación artística del estado, como la colección de Exvotos, donada por Ernesto Juárez Frías y la de hierros forjados, donada por el historiador Guillermo Tovar y de Teresa. 

 

Al referirse a los inicios del Museo, en particular, a la colección de bordados huicholes, Guadalupe Dávalos, que participó en la primera fase, comentó que “había la idea de que la gente entendiera cosas sencillas como por qué los dioses son animales;  por qué refleja este arte una liberación de mitos ancestrales.”  Dávalos dijo que se partió de que no se trataba de un arte mimético, “en la medida en que no se podía ver ningún trazo con líneas de color, sino que se había hecho conforme a la mente y la memoria de una cosmogonía específica.”

 

Al preguntar a Julieta Medina respecto de la respuesta de la comunidad zacatecana para con el mural comentó: “La experiencia que tenemos de afluencia respecto del año pasado es el doble.  El museo es visitado por muchos zacatecanos.  Yo creo que esto se debe a la gran difusión, pero sobre todo al impacto que produce en el visitante la obra de Santos.”

 

-¿Y los huicholes, visitan el museo?

-Pocos, pero sí visitan. Les tenemos un registro; no son muchos, alrededor de unos cincuenta. Los huicholes sólo acuden a las ciudades a vender sus artesanías, ese es su medio de subsistencia.  En el museo les compramos las jícaras pequeñas.

 

-¿Y Adán Xicoténcatl Elizaga está en una cárcel, por robo; sigue un juicio por plagio; se le han fijado multas en base a la ley de derechos de autor; se le percibe como el pillo que es?

-No, a la negociación que se llegó con la CNDH fue que entregaba la obra a cambio de que siguiera apareciendo su  crédito. El argumento es que él hizo las gestiones ante el FONCA.  Su nombre continúa apareciendo en la ficha técnica, como el etnógrafo.

-Eso y respetar el pillaje es lo mismo...

-Pero queda fuera, desafortunadamente, de nuestra injerencia. La labor del museo es, sí, promover, fundar, por qué no, esa conciencia,  no podemos más.

 

No hay una política agresiva de defensa, no se va más allá.  En Zacatecas hay mucho que “rescatar” y son pocos los avances en esa dirección.  Las riquezas patrimoniales, es el caso de la Quemada, el Mixtón, las Ventanas, la Caxcania toda. Continúan bajo la vigilancia laxa de las autoridades del INAH, que supervisa desde lejos; de investigadores nacionales y extranjeros que adquieren derechos, por desconocimiento y falta de precisión de las leyes.

 

La cultura que yace en esos sitios, al resguardo del tiempo y del olvido, no se conoce.  Los especialistas, muchas veces extranjeros, se dan acceso a esos sitios y usufructúan su valor, mediante becas, estudios, ediciones, en buen número financiadas con recursos nacionales, cuando no mediante el pillaje más directo, de sustracción de piezas.  Eso no hace sino desvincular a centros de estudios mexicanos de una posible perspectiva que le de la vuelta al saqueo ocurrido por estos contactos.  La universidad, los museos, el gobierno deberían tener una política más agresiva de rescate del patrimonio cultural.

SANTOS DE LA TORRE SANTIAGO

Santos es un personaje de coordenadas vagas.  Como bien expresan quienes han entrado en contacto con él, no se sabe como encontrarlo, salvo si se le envía un mensaje vía El Nayar, la estación de radio del Instituto Nacional Indigenista, en Nayarit, que transmite regularmente en Cora y Huichol a toda la región.

 

Con motivo de la ampliación del plazo dado originalmente a la exhibición de uno de sus murales, Misterio y viaje de los tres espíritus sagrados, en el Museo Zacatecano, se le entrevistó en marzo, del 2000, para que hablara del calvario que vivió por la desaparición de su obra, en el programa del Instituto Zacatecano de Cultura, La carreta alegórica.  Esa entrevista no había sido concertada con antelación; se había previsto, simplemente, comentar en la radio la importancia de que la estancia de la obra en Zacatecas se prolongara hasta abril, durante el Festival Cultural, idea que había motivado el contacto de Santos con el Museo, en primera instancia.

 

Al momento mismo de iniciar la transmisión al aire, apareció Santos, según él mismo relató, de manera mágica, conducido hasta ahí por sus deidades. Al otro lado de la puerta de vidrio, de la cabina improvisada en una casa de la calle de Yanguas, a unas cuatro cuadras del Museo Zacatecano, estaba Santos, tranquilo, listo para contar las peripecias de sus murales, al aire.

 

“El mural ya está en buenas manos”, comunicó a la audiencia, mientras tocaba discretamente la pluma de su sombrero, símbolo del papel que él desempeña como chamán de su comunidad, “los dioses así quisieron”.

 

Santos es chamán, peyotero. En el viaje que los huicholes realizan a Viricuta, desempeña labores importantes; dedica mucho tiempo a las actividades religiosas de grupo. Pertenece a un núcleo de comunidades huicholas que ven extenderse su territorio por ahí donde comparten geografía Jalisco, Zacatecas, Durango y Nayarit.

 

En Zacatecas los huicholes se encuentran al Sur de Valparaíso.  Santos radica en una comunidad pequeña, Mesa del Venado o Colonia Nueva o Las latas.  Tiene tierras, también, en Santa Lucía de Valparaíso.  Aunque ellos no se sienten ni de Zacatecas, ni de Jalisco; son huicholes, independientemente de la región o de los límites geográficos que nosotros tenemos.

 

Santos abundó poco, durante la entrevista, en el pillaje efectuado contra su obra.  A cada pregunta respondió con explicaciones referentes al trabajo colectivo, a los mensajes sagrados de los que es portadora su obra. Todos los símbolos e imágenes representados en el mural son elementos míticos. 

Antes de iniciar los trabajos de cada uno de sus murales, “se realizó una ceremonia especial para que los dioses nos condujeran,” explicó Santos. Se trataba de plasmar la memoria colectiva de su pueblo, su visión del mundo, su cosmogonía.

 

La labor colectiva, que dio a luz a tan controvertidas obras, resultó del empeño y compromiso familiar con las tradiciones comunitarias -Santos contó con el trabajo de 8 colaboradores de su familia y no de la incidencia accesoria del etnólogo que a la fecha reclama un papel preponderante en las exhibiciones de este arte que, tiene dueño.  

 


La cultura que yace en esos sitios, al resguardo del tiempo y del olvido, no se conoce.  Los especialistas, muchas veces extranjeros, se dan acceso a esos sitios y usufructúan su valor, mediante becas, estudios, ediciones, en buen número financiadas con recursos nacionales, cuando no mediante el pillaje más directo, de sustracción de piezas.  Eso no hace sino desvincular a centros de estudios mexicanos de una posible perspectiva que le de la vuelta al saqueo ocurrido por estos contactos.  La universidad, los museos, el gobierno deberían tener una política más agresiva de rescate del patrimonio cultural.

Si la constancia no tuviese rumbo, dejaría de serlo. Si la nostalgia no llevase a cuestas rostros, nombres y momentos espléndidos, sería amargura estéril. Tal vez no haya infusiones para cuando el alma se suma en el recuerdo; por eso existen la música balsámica y la meditación.

Cuando le dé por renegar de la distancia recuerde aquella sabia copla que se conmisera de quien no ha sufrido todavía los dolores del adiós: "Como para no estar triste, si nunca nadie lloró por ti..."
 

Ya lo creo que volveré, para buscar entre los puestos del Arroyo al merolico que me vendió corteza del Perú, esa con la que se elabora el bálsamo; buena para sanar los dolores y el ansia. Tal vez en ella esté el antídoto que nos está haciendo falta.

 

El día sin su noche/Zacatecas polvo y luz