|
A mis hijos,
Gustavo y Lilia, Lilia y Gustavo, como siempre y para siempre.
A Zacatecas, en dos instancias: primero a la de afuera, que me alentó
y me alienta. Después, a la de adentro, mi aula abierta... protagonistas, ambas, de esta historia.
A Hermosillo, esa bella
gigante de otro desierto y de otro temporal, porque cantando llego a ti, hasta tu cruz de neón y tus atardeceres calurosos.
A mis colegas periodistas,
en orden y en desorden, en esas redacciones donde lo dimos todo por un poco de luz y polvo.
|
|
No siempre se puede expresar a cabal precisión lo que se
debe a los demás ¡o cuánto! Esta obra es colectiva; nació de la convivencia, de tantas pláticas
y tantas puertas que se abrieron para mí. Confieso que también, a veces, el individualismo me ganó la
partida y anhelé el silencio y la soledad que hoy me permiten escribir, como si el tiempo transcurriera más
veloz y los recuerdos estuvieran a punto de escaparse.
|