Juchipila, Moyahua, Fresnillo y Zacatecas fueron escenario de nuestra
historia literaria. Cuando leí Los de Abajo, a los dieciséis, estaba lejos de conocer
lo sucedido en el Mixtón con los guerreros de Tenamaztle y lejos, todavía más, de escuchar los relatos
de cómo Amparo Dávila vio pasar a la muerte por su ventana, en Pinos. Los muertos de Amparo no eran
los de la guerra civil, sino aquellos que transitaban, de pueblo en pueblo, uno diría cuál las almas
muertas de Gogol, hasta el único cementerio en varias leguas, ¡en los tiempos modernos! Las coincidencias
cósmicas son estrujantes. Nellie Campobello, a quien la historia también le ha birlado su sitio preponderante
en la novela de la revolución, vio pasar la muerte por su ventana en otro punto del país. Los sitios
son así, se llenan de presencias y ocupan, al final, el puesto que les toca. Y uno los ve desde su espacio mínimo,
como si estos formaran un gran mapa.
Pero
hay que decirlo de nuevo, Zacatecas fue el escenario de nuestra mejor literatura. Mariano Azuela culminó Los de
abajo en Juchipila donde Demetrio Macías clavó sus ojos eternamente sobre los mismos peñones donde
se parapetaron los caxcanes contra ese epítome de la conquista que fue el malvado Tonatiuh –Pedro de Alvarado-,
y a quien, su ambición desmedida lo llevó a morir, en las barrancas de Nochistlán, apachurrado por su
propio caballo. (Codex Telleriano-Remensis)
Todavía hoy las carreteras de Zacatecas se resisten
al tiempo, generando en el viajero el efecto de trascender la demarcación del estado cuál si se entrara
en otra dimensión. Ahí, el tiempo se detiene, el viento se alevanta y, al efecto de la luz, todo se ciñe
a la realidad siempre cambiante de la palabra, herramienta mágica que nos alcanza, a manera de talismán
contra el olvido.
Sin lugar a dudas, el corazón de México, Zacatecas es también su eje
cósmico, su puerta imaginaria. Rayo de luz sobre los caminos del polvo, estos deshilvanados relatos son la reflexión
que, a paso apretado, se dieron cita en las páginas, para el recuerdo (vuelto impreso) y para este montón
de geografías movedizas y filamentos luminosos medidos en megabytes.