La memoria de los cuervos
por
María Dolores Bolívar
Cara de queso de campo, cara
de alfajorcito, cara de espejo, cara de tejo, cara de tortilla, cara de cielo, cara de cuervo, cara de mar, cara de nube…
Recurren a los juegos para imaginar al hombre que sus padres elegirán para ellas. Don Antonio cara redondina.
Don Abel, cara de caballo, Don Miguel…
¿Sabías que los cuervos recuerdan los rostros?
Fijan en su memoria la cara de sus atacantes, pudiendo distinguirlos
de las personas amistosas y transmitirlo, incluso, a las nuevas generaciones.
Esta reflexión
que comienza con la ronda de las caras, termina en una colonia de cuervos que se apodera de las casas vacías mientras
el pueblo se extiende hacia el sur y el estilo de vida cambia, radicalmente.
La verdadera
ironía es que hubo épocas sin retratos ni fotografías. Sólo los cuervos guardaron los rostros…
y ahora planean, en equipo, emitiendo sus escandalosas señales, de un lado al otro de la enorme plaza semi-abandonada.
San Diego, California, 2012.
© María
Dolores Bolívar