Anoche me encontré con un oso polar bajando de mi cama. Me miró molesto, me levantó con un gruñido,
me acusó de invadir su sueño y me dijo que la gente comúnmente cuenta borregos y no osos; yo le
respondí que tenía tanto frío, que solo se me ocurría soñar cosas frías. El polar
oso se abrazó a mí con tanta fuerza que sentí que me asfixiaba. En mi oído cayó su voz
triangular y sonora “seré tu cobija mientras llega tu sueño”.
Desde entonces
vivo en vela, mi sueño se ha espantado porque le teme a los osos polares.