¿Qué
cuál es mi pasión? La enseñanza, claro. Si me fuera dado modificar la enseñanza, cada año renovaría
sus contenidos. Periodismo, teatro y cocina; música,
baile y yoga; matemáticas, poesía y cerámica; piano, física y fotografía... Como útiles
escolares solicitaría tan solo un cuaderno y plumas de varios colores; plastilina y una cámara fotográfica
y no habría nadie sobre la faz de la tierra que no supiese iniciar un concierto de percusiones. Yoga, computación
y escritura tomarían el sitio que hoy tienen las matemáticas, la lengua y la historia y los idiomas serían
impartidos de manera funcional únicamente… como una clase de arte en chino o un taller de foto en francés.
Y en lugar de la historia vista desde la perspectiva de los héroes propondría el punto de vista personal, la
autobiografía. Así, cada año renovaríamos los registros testimoniales escritos en el género
de la crónica. Yo vi, yo escuché, yo estuve...
Al final del día, el resultado tal vez daría niños
interdisciplinarios que no supiesen decir cuáles son las tres disciplinas que querrían rescatar del
desastre. Pero, en cambio, aprenderían a aprender, cada año un poco más y aprenderían a repudiar
las disciplinas que no cambian ni se adaptan a la realidad que cada día es otra y es distinta... urgida de que se la
aprehenda con la mirada fresca de una nueva metodología, de un abordaje distinto.
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