Los cabellos de Eurídice,
el
ocio compulsivo de Penélope,
la voz narcotizante de las sirenas,
la
inteligencia creativa de Coatlicue,
el espíritu guerrero de las amazonas,
el hermetismo cansón de Mona Lisa,
la percepción selectiva de las musas,
la curiosidad sin rienda de Eva,
la ductilidad cultural de Malinche,
la previsión seductora de Cleopatra,
el velo protector de Sarah,
el arrojo de la mujer de Lot,
la elevada autoestima de la diosa Diana,
la serenidad de la maja vestida,
el vientre de la maja desnuda
y
el lamento terapéutico de La Llorona.